Isla de Pascua está a 3.526 km. de la costa chilena y a más de 4.000 de la Polinesia. Es, oficialmente, uno de los lugares habitados más aislados de la Tierra. Y sin embargo, hace más de mil años, alguien llegó hasta ahí, plantó sus raíces y levantó una de las civilizaciones más enigmáticas que ha conocido la humanidad. Cinco horas y media en avión desde Santiago de Chile, miles de kilómetros de agua en todas las direcciones y, al bajar la escalerilla, una humedad salada que te recuerda exactamente dónde estás: en el ombligo del mundo, Te Pito o Te Henua en Rapa Nui.
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Si estás pensando en viajar a Rapa Nui —que así es como la llaman quienes viven en ella—, aquí te contamos qué ver en Isla de Pascua sin perderte nada de lo esencial: los sitios arqueológicos que no tienen discusión, los rincones que no salen en todos los artículos, cómo organizarte sobre el terreno y qué esperar cuando aterrices en el aeropuerto más aislado del mundo. Lo primero que aprendes cuando llegas es que esto no es un destino de paso. Es un sitio que exige tiempo, curiosidad y, a ser posible, alguien que te cuente qué estás mirando.
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El origen de Rapa Nui: la historia que hay que conocer antes de llegar
La isla que hoy conocemos como Isla de Pascua —bautizada así por los europeos que la redescubrieron un domingo de Resurrección de 1722— se llama en realidad Rapa Nui. Su historia empieza en el siglo VIII, cuando el Rey Hotu Matu’a envió a siete exploradores en busca de tierra próspera. Los guiaba una visión y, según la tradición oral, una tortuga sabia. Desembarcaron en la playa de Anakena y bautizaron su nuevo hogar: Te Pito o Te Henua, el ombligo del mundo.
Lo que construyeron después sigue sin tener explicación del todo satisfactoria. Los moáis son esculturas talladas en toba volcánica que representan a los ancestros más importantes de cada clan. Su función era proyectar el mana, la energía vital, sobre sus descendientes. Cientos de ellos. Algunos de hasta 20 metros.
El esplendor no duró. El crecimiento de la población, la escasez de recursos y las guerras entre clanes llevaron a un periodo oscuro en el que muchos moáis fueron derribados de sus ahus. Hoy, caminar entre esas figuras —algunas tumbadas, otras aún dormidas en las laderas del volcán Rano Raraku— es asomarse a una historia de gloria y colapso que todavía estremece.

Qué ver en Isla de Pascua: los sitios que no te puedes saltar
1. Rano Raraku: la cantera de los moáis
Ahí es donde nacieron. En las laderas de este volcán se tallaron casi todos los moáis de la isla, y todavía hay casi 400 a medio terminar o abandonados en distintas fases de construcción. Algunos emergen del suelo con solo la cabeza visible —lo que no se ve es que bajo tierra tienen cuerpo completo, con inscripciones y todo—. Otros están acostados como si descansaran, detenidos en el camino hacia un ahu al que nunca llegaron.
Lo más perturbador de Rano Raraku no son las figuras terminadas. Es entender que en algún momento todo esto se paró. Los cinceles quedaron abandonados, los moáis a medio tallar se quedaron en la roca y nadie volvió. Nadie sabe exactamente por qué. Es el sitio más inquietante de la isla, y también el más fotogénico al amanecer, cuando la luz rasante recorta cada figura contra el verde del volcán.

2. Ahu Tongariki: los quince moáis frente al mar
Es la postal de Isla de Pascua. Quince figuras alineadas sobre su ahu, de espaldas al Pacífico, mirando hacia el interior de la isla. El ahu en sí mide casi 200 metros de longitud y es la plataforma ceremonial más grande de Rapa Nui. Lo que no dice la postal es que todos cayeron durante las guerras internas y que un tsunami en 1960 los arrastró tierra adentro. Fueron restaurados en los años 90 gracias a uno de los proyectos arqueológicos más complejos de la historia reciente de la isla.
Si puedes, ve al amanecer. Tongariki está orientado de forma que, durante los equinoccios, el sol sale exactamente detrás de los moáis. Pero cualquier mañana despejada vale: la luz que los recorta contra el cielo rosa es imposible de describir, y a esa hora todavía no hay nadie.

3. Ahu Akivi: los únicos moáis que miran al mar
Siete figuras, las únicas de toda la isla que miran fijamente al océano en lugar de hacia el interior. La leyenda dice que representan a los siete exploradores originales enviados por Hotu Matu’a antes de que él mismo partiera, los que llegaron primero y esperaron la llegada de su rey mirando al horizonte por donde vendría. Hay además algo llamativo en su orientación: están alineados con la puesta de sol durante el equinoccio de primavera, lo que apunta a un conocimiento astronómico más sofisticado de lo que solemos imaginar.
El entorno ayuda. El contraste entre el verde de las praderas, el negro volcánico y el azul del Pacífico al fondo crea un escenario que te para en seco. Es uno de los pocos sitios de la isla donde puedes sentarte en silencio sin que nadie te moleste.

4. Anakena: la playa donde empezó todo
Arena blanca, palmeras traídas de Tahití y el Ahu Nau Nau al fondo, con moáis que conservan sus pukaos —los moños de piedra roja tallados en escoria volcánica— casi intactos. Es el lugar donde, según la tradición oral, desembarcó Hotu Matu’a con su gente y donde comenzó la historia de Rapa Nui. No es casualidad que sea también la única playa de arena blanca de la isla: los primeros colonizadores sabían elegir.
El Ahu Nau Nau es uno de los conjuntos mejor conservados de toda la isla, en parte porque estuvo enterrado bajo la arena durante siglos, lo que protegió los detalles de las esculturas. Merece pararse a mirarlos de cerca. Y después, darse un baño en el Pacífico y comerse una empanada de atún sin que nadie te juzgue. El orden es indiferente. Ojo con el sol, en Pascua pega más fuerte de lo normal.

5. Orongo y el culto al Hombre Pájaro
Con el fin de la era de los moáis, la isla necesitó una nueva forma de distribuir el poder. La encontró en el Tangata Manu, el Hombre Pájaro. Cada año, los clanes elegían a un representante —el hopu— que tenía que bajar a nado los acantilados de 300 metros del volcán Rano Kau, cruzar a nado el canal hasta el islote Motu Nui sorteando tiburones, y esperar allí, a veces durante semanas, a que el ave Manutara pusiera su primer huevo. El primero en volver con el huevo intacto ganaba. Su clan gobernaba durante un año.
El poblado ceremonial de Orongo, en el borde mismo del cráter, es donde los candidatos se preparaban y donde los clanes esperaban el resultado. Las casas son construcciones de piedra bajas y alargadas, casi túneles, orientadas hacia Motu Nui. Las paredes del cráter están llenas de petroglifos con la figura del hombre pájaro: cabeza de fragata, cuerpo humano, huevo en la mano. Necesitas guía para entrar, las vistas al cráter y al mar desde el borde son de las mejores de la isla, y la historia que te cuentan ahí dentro merece cada minuto. Más info aquí.

Cómo llegar y moverse por Isla de Pascua
LATAM es la única compañía que conecta Santiago de Chile con el aeropuerto de Mataveri, en un vuelo de unas cinco horas y media. Al aterrizar, la humedad del Pacífico y la calma de Hanga Roa te envuelven de inmediato.
Como sabíamos que los precios pueden ser prohibitivos —casi todo llega en barco o avión—, aterrizamos desde el continente con un cargamento estratégico de víveres. Para moverse por la isla, el todoterreno es la mejor opción. Por carreteras de asfalto y caminos de gravilla, te da libertad total para detenerte donde quieras, cuando quieras. El alquiler ronda los 70US$ al día. También se puede ir en bici, aunque el viento y el sol en verano son agotadores.

Qué comer en Isla de Pascua
Comer en Isla de Pascua es un argumento de peso para visitar esta zona del mundo. El plato estrella es la empanada de atún frita, perfecta para un almuerzo rápido tras el baño en Anakena. Si quieres algo más de fondo, el Umu Rapa Nui —el curanto cocinado bajo tierra con piedras calientes— es un ritual de comunidad que merece buscarse. Y de postre, el Po’e: un bizcocho dulce de zapallo o plátano que es una delicia.
En Hanga Roa hay restaurantes con vistas espectaculares al puerto, pero los pequeños locales de comida casera son dónde están los sabores reales. El ceviche de atún al estilo polinesio, con leche de coco y limón, es otro imprescindible. Pero si quieres ahorrar ya sabes, carga comida desde Santiago y cocina en allí donde vayas a dormir en Pascua.

Dónde dormir en Isla de Pascua
Toda la oferta de alojamiento se concentra en Hanga Roa, el único pueblo de la isla. No hay opciones dispersas por el territorio ni hoteles junto a los sitios arqueológicos, lo cual tiene su lógica: el Parque Nacional ocupa la mayor parte del terreno y la normativa de protección es estricta. Dentro del pueblo encontrarás de todo, desde hostales familiares y habitaciones en casas particulares hasta lodges con piscina y algún hotel boutique con vistas al océano. Los precios son elevados en comparación con el resto de Chile —el aislamiento tiene un coste—, pero en temporada baja (abril-junio y septiembre-noviembre) las tarifas bajan de forma notable y merece la pena aprovechar.
Si tienes presupuesto ajustado, el couchsurfing y las guesthouses gestionadas por familias locales son la mejor opción. Además de ahorrar, ganas algo que no tiene precio: el trato directo con habitantes de Rapa Nui que conocen la isla de una forma que ninguna guía puede replicar. Fue exactamente lo que nos pasó con Kako. Si apuestas por algo más cómodo, busca alojamiento en la zona alta del pueblo, donde algunas terrazas tienen vistas directas al océano. Reserva siempre con antelación, especialmente en febrero durante la Tapati: en esas fechas la isla se llena y los precios se disparan. Haz clic aquí para ver precios y disponibilidad en Isla de Pascua.

Cuándo viajar a Isla de Pascua
La isla funciona bien durante todo el año gracias a su clima subtropical. Si buscas buen tiempo y menos gente, abril-junio y septiembre-noviembre son los mejores meses. Los precios de alojamiento bajan y los senderos se disfrutan con otra calma.
Si quieres vivirla en su máxima expresión cultural, el momento es febrero. Las dos primeras semanas del mes se celebra la Tapati Rapa Nui, el festival más importante del Triángulo Polinesio. Competiciones tradicionales, danzas, música. Reserva vuelos y alojamiento con mucha antelación.

Algunos datos prácticos antes de ir:
— La entrada al Parque Nacional cuesta unos 100US$ para extranjeros. Se compra en el aeropuerto o en las oficinas de CONAF en Hanga Roa. Es una entrada única que te piden en cada sitio arqueológico.
— Desde hace unos años es obligatorio entrar a los recintos acompañado de un guía local certificado. No es un trámite: la tradición oral es la base de la historia de la isla, y nadie te la contará mejor que un habitante de Rapa Nui.
— Reserva una tarde para el atardecer en Tahai, justo al lado del pueblo. Siluetas de moáis con el sol detrás. No hay mucho más que añadir.



17 Comentarios
hooola, tambien fui a la isla y conoci a Kako, pero perdi su numero, no tengo facebook, me podrian ayudar a contactarlo??
gracias y saludos
catalina valdes
Hola Catalina,
Pues no conservamos ni su teléfono ni lo hemos encontrado via Couchsurfing, parece que se ha borrado de varios de los perfiles en los que teníamos contacto con el. De todas maneras seguro que en Hanga Roa lo localizas fácilmente.
Saludos!
Hola,
estoy viendo que los precios para los alojamientos son prohibitivos, pero nunca he estado de couchsurfing, me podrías mandar un email con los contactos de Kako y quitandome el miedo o pereza sobre el couchsurfing,
por favor.
Gracias
Hola David,
Gracias por tu comentario.
Te hemos escrito un email! 😉
Interesante su entrada y lindas fotos de este lugar tan hermoso. Saludos
Muchas gracias Luisa!
Hemos vivido tanto desde nuestro paso por Pascua que pareciera que hubiera pasado un milenio 🙂
Saludos!
Hola:
Tengo ganas de viajar a la Isla, y quisiera saber si me pueden pasar los datos de su couch, Kako y su esposa Michele, porque sus comentarios son buenísimos con respecto a ellos, pero, no los pude ubicar entre los que aparecen en la web de Couchsurfing en Hanga Roa. ¿Estarán con otro nombre?
Excelente la entrada, buenísimo el mix de historia y aventura. Dan muchas ganas de ir!!!!!!
Espero su respuesta.
Gracias.
Hola Clarisa,
Gracias por tu comentario.
Te hemos respondido por email.
Un abrazo!
Últimamente nos estáis poniendo los dientes largos muchos con este destino tan sugerente, la verdad que es un lugar única que hay que visitar una vez en la vida 😀
Ya ves, venir hay que venir pues la isla es un remanso de paz total. No es nada barata pero entre Sele, JAAC y un servidpr te podemos dar los mejores trucos para no dejarte el bolsillo roto para siempre, jeje.
Nos leemos!
Delicioso comentario de los dias pasados en Pascua. Compartir el viaje de esta forma es una virtual manera de viajar de los que estamos en casa. Me mantego a la espera del proximo post de Buenos Aires.
Chacho que cara la isla no? jeje Y yo que pensaba que Nueva Zelanda era cara pero empiezo a dudar…
De cualquier manera genial! habrá que ir algún día 🙂
Saludos chicos!
Siiii, carísima pero se puede llevar bien si no vas muchos días!
😉
Muy buena entrada de un lugar mágico que esperamos conocer algún día!
Un a abrazo chicos!
Me ha gustado leer la entrada, había cosas que desconocía, y apuntáis otras muchas que me vendrá bien saber si algún día tengo la suerte de poder ir a este gran lugar. Geniales las fotos 🙂
Un saludo!
Gracias Dani! Ahora estamos en Buenos Aires, a ver que podemos aportar de la ciudad aunque creo que está casi todo dicho.
Un abrazo!
Gracias Octavio!!! Intentaremos estar al día con los posts para que no se pierdan nada nadita 😉
Un abrazo