Ait Ben Haddou no es solo una parada en el camino hacia el desierto; es, posiblemente, el rincón más fotogénico de todo el sur de Marruecos. Aprovechando que nuestra ruta de dos semanas por el país nos llevaba hacia las dunas de Merzouga, decidimos dedicarle el tiempo que se merece a esta ciudad fortificada. Si te suena de algo nada más verla, no es casualidad: este ksar de barro ha sido el escenario de películas míticas como Gladiator o Lawrence de Arabia.
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Pero más allá de su faceta cinematográfica, Ait Ben Haddou es un lugar que te transporta a otra época en cuanto cruzas el puente que la une con la carretera, en cuanto paseas por sus muros o en cuanto tienes la oportunidad de tomarte un té con alguna de las familias que ocupan este antiguo pueblo bereber fortificado. Hoy te contamos nuestra experiencia personal y toda la información práctica para que tu visita sea perfecta.
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Visita a Ait Ben Haddou, el pueblo bereber de barro
Nuestro viaje fuera de Marrakech continuaba a buen ritmo y con las expectativas muy altas, especialmente porque sabíamos que Ait Ben Haddou era la primera gran joya del itinerario. Para esta etapa decidimos contratar una excursión organizada de 3 días hacia el desierto de Merzouga. Esta vez no disponíamos del tiempo material necesario para cuadrar los horarios de los buses locales y la compleja logística de dormir en las dunas. Así que, tras mucho rebuscar por la web, optamos por ir con agencia.
Salimos de Marrakech en furgoneta a las 08:30 hrs. con nuestro guía, y un grupo de 6 personas. Fue un acierto total; al viajar en pareja a veces te cierras un poco en tu burbuja, y compartir las horas de trayecto con otros viajeros hizo que la experiencia fuera mucho más enriquecedora, intercambiando impresiones sobre lo que esperábamos encontrar al llegar.

La carretera por el interior de Marruecos
El camino hacia Ait Ben Haddou no es apto para quienes se marean con facilidad, pero visualmente es un espectáculo. Hay que cruzar el puerto del Tichka, el paso de carretera más alto de Marruecos con unos 2.260 metros de altitud. Las vistas de la carretera serpenteando entre las montañas del Atlas son brutales y te van preparando para el cambio de paisaje: del bullicio de la ciudad a la calma de las kasbahs. Eso sí, antes de encarar el descenso final hacia la ciudadela, agradecimos la parada técnica que hicimos para tomar el primer té del día (de los muchísimos que vendrían después).
Tras dejar atrás las curvas del Tichka, el paisaje se volvió más árido y los tonos rojizos empezaron a dominarlo todo. De repente, tras una última curva, allí estaba: la silueta inconfundible de Ait Ben Haddou recortada contra el cielo. Desde lejos ya se podía atisbar por qué es considerada una de las maravillas de Marruecos; la ciudadela parecía brotar directamente de la tierra, esperando a que cruzáramos el río para desvelarnos sus secretos.

¿Qué es exactamente Ait Ben Haddou?
Aunque a menudo lo leas como “kasbah”, técnicamente este lugar es un ksar (o alcázar). La diferencia es importante para entender el lugar: mientras que una kasbah es la vivienda fortificada de una sola familia o un gobernador, un ksar es un pueblo entero amurallado, una comunidad diseñada para protegerse de las caravanas que cruzaban el desierto.
Ait Ben Haddou es el mejor ejemplo de la arquitectura de arcilla y piedra del sur marroquí. Estas ciudadelas se construían estratégicamente cerca de los ríos o en oasis para garantizar la supervivencia y el control de las rutas comerciales. Lo que hace especial a este sitio es su increíble estado de conservación. Mientras que otras muchas kasbahs del país se están desmoronando por la erosión del viento y la lluvia, esta luce imponente gracias a su estatus de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1987.

Las películas que hicieron famosa a Ait Ben Haddou
Probablemente, gran parte de su conservación se deba a Hollywood. ¿Sabías que se han rodado más de una decena de superproducciones aquí? Desde la clásica Lawrence de Arabia (con Peter O’Toole) hasta la reciente Alejandro Magno de Colin Farrell. Pero si hay una que marcó un antes y un después en la fama de Ait Ben Haddou, fue Gladiator.
Para el rodaje de la película de Russell Crowe, se reconstruyó parte de la entrada y se le dio un lavado de cara al ksar para que pareciera una ciudad romana del norte de África. Incluso hoy, paseando por sus calles, es fácil imaginar a los gladiadores preparándose para el combate. Es, literalmente, un museo al aire libre que ha sabido aprovechar el tirón del cine para mantenerse en pie.

Nuestra experiencia: el calor, el regateo y la subida
Visitamos la zona a principios de abril. Ingenuos de nosotros, pensábamos que el clima sería suave, pero Marruecos nos dio un aviso de lo que es el calor de verdad: fue la antesala del mismísimo infierno. A mediodía el sol apretaba de tal forma que se hacía difícil caminar por el adobe.
Para entrar a la zona antigua hay que cruzar el río Ounila. Antiguamente se hacía saltando sobre piedras o a pie si el cauce estaba bajo, pero recientemente han construido un puente peatonal que facilita mucho las cosas. Una vez cruzas el puente, el camino hacia el interior de Ait Ben Haddou empieza en ascenso.
Las callejuelas son estrechas y están llenas de pequeñas tiendas de artesanía, especias y alfombras bereberes. Lo bueno es que, a diferencia de los caóticos zocos de Marrakech, aquí los vendedores son algo más tranquilos. Puedes mirar sin que te agobien demasiado, aunque si te interesa algo, prepárate para el juego del regateo. Al ser un sitio tan frecuentado por el turismo, los precios de salida están inflados. Un consejo de amigo: si te piden 300 Dirhams por un amuleto, probablemente su valor real esté cerca de los 70 u 80.

La recompensa en Kit Ben Haddou: la torre de vigilancia
Lo mejor de la visita llega al final. Tras serpentear entre casas de barro y paja, llegas al punto más alto de Ait Ben Haddou: el antiguo granero fortificado o torre de vigilancia. Allí arriba el viento sopla con fuerza (lo cual agradecemos infinitamente para secar el sudor) y las vistas merecen la pena. Tienes una panorámica de 360 grados donde se entiende perfectamente la ubicación del ksar:
1️⃣ Al frente, las cumbres del Atlas, que incluso en primavera conservan restos de nieve.
2️⃣ A los lados, el contraste verde intenso del palmeral que sigue el curso del río.
3️⃣ Debajo de tus pies, el laberinto ocre y rojizo que forma la estructura de la ciudad.

Comida en Marruecos
Después de la caminata bajo el sol, el cuerpo pide tregua. Bajamos de la ciudadela, cruzamos de nuevo el puente y buscamos refugio en uno de los restaurantes de la zona nueva del pueblo. En esta parte de Marruecos, la cocina es sencilla pero deliciosa. No puedes irte sin probar un buen tajín. Nosotros pedimos uno de pollo con limones encurtidos y olivas que estaba espectacular.
También es muy común el cuscús de siete verduras, aunque recuerda que el cuscús tradicional suele servirse más los viernes. Si buscas algo ligero para combatir el calor, pide una ensalada marroquí (tomate, pepino y cebolla muy picaditos) y acompáñala con el omnipresente té a la menta, que curiosamente ayuda a regular la temperatura corporal.

Siguiente etapa: la Garganta de Dades y los “Dedos de Mono”
Con las pilas recargadas y un último té, ponemos rumbo hacia la Garganta de Dades, donde toca hacer noche. Llegamos bastante cansados y con apenas una hora de luz, pero el tiempo justo para ver uno de los paisajes más curiosos de esta ruta por Marruecos: las formaciones rocosas conocidas como “Dedos de Mono” en los acantilados de Tamlalt.
Estas rocas de arenisca han sido esculpidas durante milenios por la erosión, creando formas redondeadas que parecen manos gigantes saliendo de la tierra. Es un paisaje singular que rompe totalmente con la estética que habíamos visto por la mañana en Ait Ben Haddou. En un día pasamos de la gran ciudad al Atlas, visitamos una ciudad fortificada y acabamos en una suerte de valle con formaciones rocosas muy llamativas.

Información práctica para organizar tu visita
❋ ¿Cómo llegar a Ait Ben Haddou desde Marrakech?
✓ En excursión organizada (nuestra opción): es lo más cómodo si no quieres conducir por carreteras de montaña. Te recogen en tu Riad y se encargan del transporte, de los alojamientos y de las comidas. Nosotros recomendamos contactar con Nuria y Hamid (ella española, él marroquí). Tienen una empresa fantástica que organiza tours personalizados. Puedes ver su web [aquí].
✓ Coche de alquiler: es la mejor opción para fotógrafos o viajeros que quieran ir a su aire y parar en cada mirador del Tichka. La carretera está bien, pero hay tramos con muchas curvas y camiones. Ojo al exceso de velocidad, en Marruecos los controles de policía son frecuentes.
✓ Transporte público: no es la opción más rápida. Los buses de la compañía Supratours tardan unas 5 horas hasta Ouarzazate. Tienes que avisar al conductor para que te deje en el cruce de Ait Ben Haddou y allí coger un “Grand Taxi” compartido. Un lío para aquellos que viajamos con poco tiempo.
❋ Consejos de fotografía
Si quieres la mejor foto del ksar, te recomiendo hacerlo desde el cauce del río. Justo antes de cruzar, para captar la magnitud de las torres. Busca tu hueco y compón la mejor panorámica de Kit Ben Haddou. El atardecer también es perfecto. Cuando el sol baja, el adobe de las paredes se vuelve de un color naranja casi eléctrico. Es el momento en que Ait Ben Haddou luce más mágico y tranquilo pues apenas hay turistas.
❋ ¿Cuál es la mejor hora para visitar Kit Ben Haddou?
Si tienes flexibilidad, evita las horas centrales del día (entre las 11:00 y las 16:00 hrs.), que es cuando llegan todos los grupos grandes desde Marrakech. Si puedes dormir en el pueblo, ver el amanecer desde la torre es una experiencia que no olvidarás.
En definitiva, Ait Ben Haddou es uno de esos lugares que, aunque aparezca en todas las guías y redes sociales, mantiene su capacidad de asombrar. Es la puerta de entrada perfecta al Marruecos más auténtico y el prólogo ideal para la aventura que te espera en el desierto.
Dónde dormir en Ait Ben Haddou
En Marrakech, la experiencia cambia por completo según el barrio que elijas, pero si quieres vivir la magia de la ciudad, te recomiendo buscar un Riad en la Medina. No hay nada como despertarse con el sonido de la llamada a la oración y desayunar en una azotea con vistas a la Koutoubia. Eso sí, asegúrate de que tenga buena accesibilidad, porque perderse por los callejones con maletas no es el mejor inicio de viaje. Te compartimos una de esas recomendaciones con las que es imposible equivocarse (clic aquí) pero si el presupuesto es ajustado hay cientos de opciones más.
Por otro lado, si decides pasar la noche en Ait Ben Haddou, mi consejo es que busques alojamiento en la zona nueva (el pueblo al otro lado del río). Dormir allí te permite disfrutar de la ciudadela al atardecer, cuando los grupos de turistas ya se han ido, y ver cómo el adobe cambia de color con la última luz del día en un silencio casi absoluto. Más allá de las estrellas del hotel, lo que realmente marca la diferencia en estos alojamientos es la hospitalidad marroquí. No busques solo una cama; busca lugares que ofrezcan esa experiencia local. Por ejemplo aquí, consulta precio y disponibilidad aquí.
En Marrakech, prioriza los patios interiores con plantas y fuentes que te regalen un respiro del caos exterior; en Ait Ben Haddou, busca una terraza con vistas directas al ksar para que el primer café de la mañana sea, sencillamente, inolvidable. Es en esos pequeños detalles donde un alojamiento pasa de ser un sitio para dormir a ser parte fundamental de tu aventura. Al fin y al cabo, estos son los pequeños placeres que vamos a recordar del viaje. Los caprichos que nos merecemos.

Un buen seguro de viajes para Marruecos
Estando de viaje también estamos expuestos a sufrir accidentes o enfermedades que pueden dar al traste no solo con unos días de nuestro viaje sino con un buen daño a nuestro bolsillo. La atención sanitaria de calidad suele ser bastante cara en la mayoría de los países del mundo. Con un buen seguro de viajes para Marruecos lo tendrás todo cubierto por muy pocos euros y, además, no tendrás que soltar un euro más que lo que ya has pagado al contratar.
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