Bután es un país envuelto en misticismo, donde la naturaleza y la espiritualidad se entrelazan en cada rincón. Los diferentes tipos de viaje a Bután tienen un denominador común, son tremendamente escénicos. Caminar por las calles de Thimpu, su capital, es tan interesante como recorrer el valle de Phobjikha, a donde llegamos atraídos por uno de los parajes naturales más impresionantes y remotos del país. Este valle glaciar, ubicado a unos 3.000 metros de altitud, ofrece un espectáculo de praderas infinitas, bosques de coníferas y un silencio que solo se rompe con el sonido del viento y la fauna que habita la zona.
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El valle de Phobjikha es especialmente conocido por albergar a las grullas de cuello negro, unas aves majestuosas que migran desde el Tíbet y Mongolia para pasar el invierno en este santuario natural. Su presencia convierte el valle en un destino único para los amantes de la naturaleza y la observación de aves. Además, su red de senderos permite explorar el paisaje a pie, descubriendo monasterios escondidos, aldeas tradicionales y vistas panorámicas que parecen sacadas de un cuento. Si buscas una experiencia auténtica en Bután, este es, sin duda, el lugar perfecto para conectar con la esencia del país.
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El Monasterio Gangtey, un lugar que ver en Phobjikha
Antes de hablar de senderismo, naturaleza, fotografía y escuelas budistas, lo primero que recomendamos hacer en el valle de Phobjikha es visitar el Monasterio Gangtey. Ubicado sobre una colina que domina el valle, ofrece unas vistas privilegiadas de la región, caracterizada por su escasa población y su impresionante entorno natural.
También conocido como Gangtey Gonpa, este monasterio de la escuela budista Nyingma fue fundado en 1613 por Pema Trinley y se encuentra enclavado dentro del Parque Nacional Jigme Singye Wangchuck. Su ubicación remota refleja el aislamiento que caracterizó a la zona durante siglos, algo que aún se percibe en la presencia de pastores nómadas de yak en las colinas y montañas circundantes.

El valle de Phobjikha es una de las regiones más intactas de Bután y apenas está comenzando a abrir sus puertas al mundo exterior. Aun así, al visitar el Monasterio Gangtey, nuestra presencia no resulta extraña, sino casi familiar. Dentro del monasterio, se nos invita a pasear libremente, permitiéndonos admirar sus impresionantes pinturas y la madera finamente tallada que decora el recinto. Sin duda, estamos ante uno de los dzong más bellos de Bután (con permiso del fuerte de Punakha que visitamos el día anterior durante la ruta por el país).
El ambiente en el monasterio es único: el ir y venir de monjes, perros, palomas y cuervos se mezcla con un profundo silencio que envuelve el lugar. Un romántico diría que, a pesar de todo, ese silencio resulta ensordecedor. Después de varias vueltas al monasterio y decenas de fotografías, nos acercamos a comer al único homestay de la aldea. Es importante recordar que los hoteles y restaurantes ya están contratados y reservados con antelación por la agencia local, por lo que hay poca posibilidad de improvisación en este aspecto. La comida fue excelente.

Senderismo en Bután, ruta por el valle de Phobjikha
El trayecto desde Punakha hasta el valle de Phobjikha había sido de 3 horas de duración por lo que no había cosa que más nos apeteciera que estirar las piernas. Afortunadamente el plan de viaje nos tenía guardado algo bastante interesante. Un rato de camino a pie hacia el hotel recorriendo el interior del valle.
Hay diversas opciones de senderismo en el valle de Phobjikha. Nosotros hicimos la conocida como Gangtey Nature Trail (5,5 km. en 2 hrs.) que nos llevó desde el monasterio hasta la aldea Kingathang. Comenzamos el camino, en suave descenso, con un sol que brillaba fuerte pero al hacer brisa no nos quitamos el abrigo. Temperatura ideal para patear.

Pasamos por zonas con estupas, casas y graneros donde salen fotos tan idílicas como las que estamos mostrando. A nuestro alrededor vimos terrenos donde se cultivaban papas, batatas y calabazas (típico en esa zona de Bután) y, un poco más allá, un bosque muy peculiar y característico por sus pinos azules cubiertos de líquenes (se les conoce como barba del viejo). La zona en invierno y con nieve debe ser más espectacular aún que en primavera.
Pararnos a hacer fotos era casi obligatorio. Así lo hicimos cada pocos metros. Los paisajes eran tan bonitos como lo que tuvimos la suerte de hacer algunos cientos de metros más adelante. Colina abajo y al final del sendero nos topamos con un monasterio en el que habían niños estudiando religión budista. Niños que, en la soledad de ese gran valle, habían ido a parar todos al mismo monasterio para recibir solo educación budista, ser monjes era (y es) su único futuro. Tristes y alegres así los vimos, al menos se tienen unos a otros y están atendidos.

En resumidas cuentas, durante el recorrido pasamos por el pueblo de Semchubara y continuamos desde el final del sendero hasta la aldea de Kingathang antes de visitar el centro de recuperación de grullas de cuello negro (es una especie catalogada como vulnerable y que en ocasiones se puede ver en España).
Sobre este centro de recuperación poco que añadir. Varias salas dan información sobre el ave, sus principales características y su comportamiento migratorio. En el exterior, en una suerte de jaula, puedes ver un ejemplar que, según los cuidadores, está en proceso de recuperación (tenía un ala dañada lo cual no es buen indicador para que recupere su libertad) para volver a la naturaleza. Obviando este centro el valle de Phobjikha es un paraíso para los ornitólogos.

En Bután, como casi en toda Asia anochece temprano, así que sobre las 17:00 hrs. nos fuimos al hotel. Sin luz, poco más hay que hacer en el valle. Por suerte la terraza de Gakiling Guesthouse aún tiene magníficas vistas. Digo aún pues alrededor se estaban construyendo otros hoteles que tenían pinta de tapar las vistas en un futuro no muy lejano. Por lo demás: cena, internet y a dormir temprano. El viaje hasta el valle de Phobjikha había merecido la pena.
Cuál es la mejor época del año para visitar Bután
La mejor época del año para visitar Bután es la primavera o el otoño. Estos son los meses con el mejor clima y también los meses populares para los festivales. El invierno es bastante frío mientras que los meses de verano son lluviosos así que, dado que se trata de un viaje caro, lo mejor es asegurar el mejor clima.

♥ Si estás convencido para hacer un viaje a Bután recuerda que no es posible hacerlo por libre. Las normas impuestas por el gobierno te obligan a contratar la ruta por el país con alguna de las empresas de turismo locales. Aquí puedes ver recorridos y precios propuestos.


